El alma mía

Hay seres que necesitan aplausos para ser felices, necesitan hundir a otros para subir ellos, necesitan reírse de la miseria ajena para respirar a gusto, ¡pobres almas ahogadas!
Habemos otros que donde sea y como sea, simplemente brillamos sin opacar a otro, y hasta repartimos luz para ayudar y hacer lazos que formen vínculos de amistad tan fuertes que nos ayuden en el camino de la vida.

Y se reían airosos tirando palabras como petardos envenenados y se sentían cazadores de almas, responsables de equilibrar la maldad en las redes, y se creían que su verdad era absoluta y única, se les olvidaba que por perseguirme se consumían por dentro, envenenándose diariamente, secándose por dentro, abonando con la ira su pobre historia sin aciertos, se les olvido que es difícil engañar a tantos ojos, que no se puede fingir por tanto tiempo, se les olvidó que buscando lo malo, carcomían su propia esencia, ya ves, vestida de primavera renazco con cada escupida de alma envenenada que se tira en casería pero se asesina día tras día y yo… yo nutro mis raíces con su ira.

Yo florezco feliz y calma, apacible y madura, fuerte entre simples y básicas letras cargadas del más puro sentimiento, el más limpio, uno dulce, uno que brota en cada verso, en cada prosa de el único lugar que es libre de cualquier soga, cuchillo o veneno… El alma mía.

Las letra de mi alma

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